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golpes bajos

Papá, cuéntame otra vez

Papá, cuéntame otra vez

Oigo estos días hablar del Mayo del 68 en España. El jueves hay un recital de Raimon en la Complu, en conmemoración del que dió hace cuarenta años, que podría convertirse en toda una reunión de cebolletas. Aprovecho para rescatar el testimonio, robado y quién sabe si inventado, de alguien que lo vivió de primera mano, y a quien por motivos inconfesables mantendré en el anonimato:

Al año siguiente empecé en la Escuela de Arquitectura, era el otoño del 64. Éramos cuarenta y cinco en primero. [...] Entretanto había conectado con una pandilla de tímidos de la Escuela que eran de la FUDE, o sea del Partido Liberal Acojonado. Me enrolle con ellos, pero no milité; yo estaba en otras cosas más serias. Se conformaron con que cooperase. Ese año quisieron cambiar el SEU por las APES. Por allí andaba Barrionuevo con su camisa azul; luego el hijoputa se hizo “socialista”. Las APES duraron un año, al otoño siguiente se formo el SDEUM. Aquello era un batiburrillo de todas las corrientes, aunque dominara el Partido.

En enero expulsaron de la Universidad a varios catedráticos, prohibieron conferencias, las de Montero Díaz y González Ruiz primero, la de Aguilar Navarro después. Hubo una mani de puta madre en el Paseo del Prado de los de Pegaso, querían llegar al vertical; nos forramos a dar hostias y coctelazos. Ese día una panda de guris salió huyendo todos acojonados. La vasca les acorraló por donde el hospital. Hubo tiros y un guripa seriamente perjudicado por los del FRAP; seguro que por allí andaban mis antiguos colegas. Ya se habían ido del barrio, y las familias, si sabían donde paraban, lo ocultaban.

El 20 de febrero ocupamos Ciencias. Duró dos días, no hubo cojones para sacarnos. El 22 nos desalojaron; tuvieron que pagar sobreprecio les quemamos varios jeeps. Sacudieron a muchos, hirieron a varios; eran de los pringaos que utilizábamos de cobertura, niños bien que estaban empezando a jugar a la revolución. El 24 respondimos: se montó una asamblea con Aranguren, García Calvo, Montero y Díaz Vercher; había más de cinco mil tíos. Decidimos ir al rectorado. Los “grupos de choque” íbamos preparados. Ese día enseñamos a los pijillos a levantar adoquines. Nos miraban admirados, empezaron a aprender. Al día siguiente se montó otra en Filo; fue la primera vez que entré en la Facultad, aún no sabía que ese sería mi destino en breve plazo. Estuvieron Tierno, Aguilar y García Calvo, el anarco. Sorprendentemente no pasó nada. Nos quedamos frustrados; habíamos llevado el arsenal al completo.

Lo bueno fue en marzo, no recuerdo el día, fue a primeros. Se convocó la “marcha sobre Madrid”. Había muchos obreros, de Getafe en su mayoría. El ataque partió de Alcalá, Recoletos, y Prado sobre Cibeles. Se armó una porcata de mucho cuidao; todo estaba lleno de humo y gases. Ese día lloré de lo lindo, y eso que iba protegido. En verano expulsaron a Aranguren, García Calvo y Tierno. No hubo respuesta; la peña estaba de vacaciones, y los niñatos de la “Uni” que jugaban a rojos, de vacaciones con la familia, mar o montaña.

Los dos años siguientes todo se aceleró. El personal se estaba alborotando. Primero nos sacaron las “Asociaciones”; se boicotearon totalmente, duraron un suspiro. A finales de enero montamos la Coordinadora Nacional del SDEU. Tuvimos que ir a Valencia. Nos detuvieron a todos; fue la primera vez que me ficharon, ya tenían mis huellas. Era pintoresco, me ficharon en una gilipollada, mientras en la sombra era mucho más peligroso. Pero eso lo tenía bien oculto. La pasma sospechaba, pero no conseguía identificaciones. Por esos días se organizó otra marcha sobre Madrid, desde los mismos sitios de siempre. Hubo hostias a mogollón, nosotros estabamos en Plaza Castilla; nos caía al lado. Gastamos todo el material que habíamos preparado. Esa vez sí que aquello parecía un campo de batalla, humo y gases por todas partes, y gente tosiendo por las esquinas. [...]

En el mes de marzo se metieron con el SDEUB. Liamos otra de cuidado; hubo hostias a mansalva y levantamiento de adoquines. Los “señoritos” y “pijillos” iban aprendiendo. Al final marchamos sobre Moncloa, fue espontáneo; nos disolvieron en el Arco de Triunfo, se forraron a dar hostias. Nos pillaron de marrón, íbamos “desarmados”.

Esta fecha la recuerdo, era el 28 de enero. La bronca se monto en Filo. Nos encerramos. Se metió Paco el Litros. Éste era un tipo curioso: era un gigante forzudo, en Moncloa se “drogaba” públicamente -en medio de la calle se bebía un litro de leche. Mandaron cargar a los grises. Las puertas estaban “amuralladas”; los grises empujaban para abrirlas mientras las lecheras lanzaban toneladas de agua contra la pared. Le caía toda a la gristapo que trataba de abrir las puertas. No les dejaban retroceder, se pusieron de agua hasta el gorro. Mientras tanto la basca tiraba todo por la ventana encima de los grises; dejamos todas las aulas de ese lado limpias. Cuando no quedaba nada que tirar, el litros tiró el crucifijo de un aula ¡La que se lió! Por una mierda de crucifijo, al día siguiente el suceso era portada en toda la prensa. Nunca supieron quién fue, en el aula estabamos unos pocos y éramos todos de la panda.

El 68 fue el cénit, también mi último año en Arquitectura. En Barcelona expulsaron a cuarenta entre las Facultades y las Escuelas. Eran la plana mayor del SDEUB, en Madrid no sé cuantos. Me había llegado la hora. Nos expulsaron a ocho en Arquitectura, los de la “comisión”. Asaltamos el salón de actos. Siempre había estado cerrado. Cogimos una escalera y arrancamos la lápida que había en la puerta con los nombres de los caídos de la Escuela, de los nacionales, se entiende, durante la Guerra Civil; la hicimos trizas. Hace unos años entré por segunda vez en el salón de actos, [...] habían repuesto la puta lápida con los nombres de los fachas. Aquello fue considerado blasfemia; ya nos la tenían jurada, sólo les faltaba eso. Nos abrieron expediente de expulsión. Nadie acudió a declarar el día del recurso; en la puerta estaba la Social esperando con las esposas. [...]

Aquel año fue el recital de Raimón en Filo2. A la salida la peña iba caliente. Pillamos a los guris desprevenidos, fue la mayor corrida de hostias en la que he estado. Salieron huyendo despavoridos y bien hostiaos. Terminamos jugando al fútbol con los cascos, y luego hicimos una barricada a la entrada de la Universitaria. Les enseñamos a los niñatos cómo hacerla.

En agosto declararon el estado de excepción, duró casi hasta el verano siguiente. Yo era uno de los que buscaban. Me camuflé como pude. Me han contado que mi padre se escondió debajo de la cama una noche que fueron a buscarme, y luego se presentó de alcalde por el PSOE, ya jubilado, en el pueblo donde vivía ¡vaya jeta! El estado de excepción se venía venir desde el asesinato de Echevarrieta por la Guardia Civil; fue a principios de verano. El 2 de agosto se cargaron al Melitón Manzanas, un cabronazo de la social; resucitaron el decreto del 60 sobre bandidaje y terrorismo. La Universidad estuvo ocupada permanentemente. Finalmente el SDEUM se fusionó con la FUDE. Esa temporada yo estaba jodido, viviendo de prestado a salto de mata, no más de tres días en el mismo sitio. Menos mal que en aquella época yo tenía muchas novias; eran de esas burguesitas progres que florecían al calor de la aventura, “liberadas” de temporada que te sacaban del cuerpo las penas [...] Hoy son madres exquisitas, algunas con maridos de relumbrón. Algunas veces me las encuentro y se azoran y les salen los colores; seguro que votan al PP.

A finales de marzo me encontraron. Me cazaron en el portal de la casa donde estaba camuflado, en pleno barrio de Salamanca. No pude comunicar con nadie. Estuve diecisiete días en la DGS. Esa es una temporada que prefiero no recordar. Me hicieron de todo, los que lo entienden reconocerán estas cosas: “el pato”, “el quirófano”, “la bañera”, “el teléfono”,“los electrodos” “la barra” y la mala putada del “simulacro”. Los electrodos te los daban con una magneto, te enganchaban en el pito. Con el tiempo al comparar aquel instrumento rudimentario con los “industriales” que han utilizado en Chile y Argentina, entre otros, me dan escalofríos. De los simulacros no quiero hablar. Sólo por ellos, si ahora les pillase no tendría piedad.

Lo peor era aquella permanente sensación de estar desconectado del tiempo, esperando acojonado que viniesen. Actué tal y como me habían enseñado en los entrenamientos y conseguí no salirme del guión. La verdad, no fue tan difícil como enseñan en las películas y cuentan los cantarines para justificarse, ni siquiera es heroico, es simplemente asqueroso. Al final apareció un abogado. Al principio me pedían 30 años. Después me querían hacer Consejo de Guerra; eso sí que me acojonó de verdad. Estuve preventivo, me mandaron a Jaén a una galería donde no tenía más compañía que uno de ETA, cada uno en una punta. Salíamos a pasear por el patio dando vueltas cada uno por un lado, sin poder juntarnos. No pudimos más que mirarnos, pero nos lo dijimos todo.

Estando yo allí mataron a Ruano. Le tiraron por la ventana. Creo que le había visto en alguna ocasión, pero no tuve trato. Me contaron que aquel día, en la estación de Quevedo trincaron a dos sociales sin darles tiempo para sacar las pipas. Entonces la salida de la estación estaba dividida por un pasamanos de hierro todo a lo largo. Cogieron a los hijos de puta y se dedicaron a bajarlos resbalando por el pasamanos; luego les subían a rastras por la escalera y los volvían a bajar. Les dejaron para el arrastre, dos guiñapos cuando la pasma pudo recuperarles.

Esa temporada había manis por todas partes, me lo contaron después. Al final no fui a juicio: después de la bronca el gobierno estaba muy debilitado, le presionaban desde fuera. En junio del 70 me soltaron sin previo aviso. A las once de la noche me tuve que ir a dormir a la estación con un vale que me dieron. [...]

 

2 comentarios

Iñaskis K -

A ver, el FRAP se funda en París en 1971 y no comienza a asesinar hasta el 73... Algo no cuadra.

Dario -

No sé a quién pertenece ese testimonio. La verdad es que no me importa. No tengo nada en contra de sus correrías políticas; era una época de lucha por la libertad. Pero no me parece admisible que se falte a la memoria de los muertos, en este caso, víctimas inocentes de una guerra. Entre los nombres que figuraban en esa lápida de "caídos" de la escuela de arquitectura que hicieron trizas, se encontraba el de un tío abuelo mío; un joven recién titulado, sin más delitos que sus simpatías políticas, que, al estallar la guerra tuvo que esconderse en Barcelona, hasta que dieron con él y lo asesinaron; sí, en la retaguardia de los "rojos" también se asesinaba.