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golpes bajos

Mañana de domingo

Mañana de domingo

Lentamente, la consciencia comienza a inundar mi cerebro. Hmm, estás aquí cerca, puedo sentir tu calor, olerte, oir tu sutil respiración. Y noto tus dedos jugueteando en mi pecho. No hay nada más delicioso que despertarse así. Abro los ojos tímidamente y me encuentro con los tuyos mirándome. Eres tan bonita, y yo estoy tan desprevenido, que tu belleza me corta la respiración. Buenos días, amor. Sonríes y te inclinas sobre mí, y me besas suavemente. Joder, no entiendo cómo he podido tardar tanto en venir, como he podido estar tanto tiempo lejos de ti. Poco a poco, tu beso suave va dejando de ser tan suave, y se va convirtiendo en algo ardiente, primitivo, sin dejar de ser dolorosamente dulce. Me estás encendiendo como sólo tú sabes hacerlo. Llevo una mano detrás de tu cuello y dejo que mis dedos se enreden en tu nuca, mientras los tuyos recorren mi cuerpo ávidamente. Pasas una pierna sobre mí y te dejas caer, haciéndome sentir cada milímetro de tu piel, tus pechos aplastados contra mi, los latidos acelerados de tu corazón. Acaricio tu espalda mientras me pierdo en tus ojos, completamente embriagado de ti. Te vas clavando en mi y me siento delirar. Cuando te siento así, tan caliente, tan húmeda, cuando te oigo suspirar de esa forma en mi oido, siento que voy a perder la razón, consumido por el placer. Oh dios, mi niña, cómo he podido estar ni un segundo lejos de ti.

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2 comentarios

Ricardo -

Cualquier mañana de domingo, contigo.

Julio Cesar -

Me encantan las mañanas de domingo
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